DEP Carlitos

 En Labor Solidaria

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Para quien no lo sepa Carlitos fue durante mucho tiempo mi dentista. La mano de oro de lo imposible, que era poner en solfa mis dientes. Eramos una relación que debía darse: lo mio era un caso imposible y él era el mejor en lo suyo; inevitable conocernos…

Es curioso pero  hace un par de días me acorde de ti. Pensé en pasar a saludarte después de tantos años. Más allá de la labor profesional, aunque no fueramos amigos me caías muy bien.

Creo que siempre te vi como un niño grande, te divertías mucho con tu trabajo (cosa que jamás comprenderé) y las consultas contigo eran hasta divertidas (momentos antes y después de las intervenciones, claro).

Recuerdo muchas consultas contigo, fueron unos siete años en total, y hubo épocas de ir mucho tiempo seguido. Me hacia gracia porque pasado el tiempo recordabas mi primer día de consulta y me decías “tenías una cara preciosa” y me cogías de los mofletes en plan cariñoso y en plan de mofa. Yo me encabrona, por supuesto, pero te seguía la corriente. De ahí viene que yo te llamara Carlitos a menudo, para devolvertela. Si algo me gustaba de tu forma de ser es que contigo se podía ser como uno es.

Tanto tiempo pasé en tu consulta que me sentía como en mi casa. Me sentía agusto allí aunque sabía que iba a que me hicieran daño y eso fue gracias a tu personalidad.

Recuerdo cuando te pregunté por interiorismo. Seguramente por qué tenías la sala de espera llena de revistas de diseño de interiores. Y descubrí que eras un completo apasionado de la belleza, te encantaba y sabías mucho.

Al rato cogí otro libro escrito por ti que tenías sobre una mesa con fotos espantosas de pacientes reales y te pregunté: ¿cómo puede gustarte cosas tan bonitas y a la vez hacer algo tan feo? ¡tienes una mente depravada! Te reiste a carcajadas y me diste la razón entre risas.

Así era yo contigo: bastante salvaje y a ti te gustaba.

Fuiste tu la primera persona fuera del ámbito familiar que me dijo que le diseñara algo. Unas tarjetas para anotar las fechas de las visitas y un logotipo. Ese fue mi primer reto considerable. Encargo que no terminé, no tenía ni los conocimientos ni la capacitación suficiente. Pero estuve semanas imaginando que podía hacer. Hasta una tarde entre medio sueños visualicé tu logo: una especie de anillo que en lugar de una piedra preciosa tuviera una muela y dentro las iniciales C.G.B… Me sorprendió la forma en la que la imagen llegó a mi, como oníricamente.

Creo que sin quererlo sembraste en mi la profesión que tengo ahora, de casualidad y subliminalmente siguió eso dentro de mi. Aunque las casualidades no existen, yo al menos no creo en ellas.

Ahora que estas al otro lado del lago que nos separa, como no tuve ocasión de decirtelo en vida, te lo mando desde aquí: gracias por todo, Carlitos.

D.E.P. Carlos García Ballesta

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